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El tiempo en el universo

En lo que consideramos nuestra galaxia, existen cientos de miles de estrellas y, muy probablemente, una cantidad abundantemente mayor de planetas.

Tanto estos planetas como estas estrellas, pueden tener diez mil millones de años: unas son tan ancianas como nuestro sol, otras acaban de nacer; otras nacerán en un futuro.

Ateniéndonos a un simple cálculo de probabilidades, solo los planetas que pueblan nuestras galaxia, y que pueden estar girando alrededor de unos cien mil millones de estrellas, es más que posible que exista un planeta con las condiciones atmosféricas que tiene la Tierra. El cálculo de probabilidades indica que, cuando menos, existen millones de estrellas con una masa y una luminosidad similar a la del Astro Sol. Y, por extensión, que existan planetas orbitando alrededor de esa estrella de dimensiones muy parecidas a la de nuestra Tierra. Así, se calcula que el número aproximado de planetas que cumpliría estos condicionantes rondaría los cien mil. Es decir, existe un porcentaje muy elevado de posibilidades de que no solo exista vida, sino que sea muy similar a lo que conocemos. Por desgracia, aún no contamos con los medios necesarios para vislumbrarla o para detectarla.

Para que exista vida, al menos tal y como la conocemos, deben darse unas condiciones meteorológicas muy concretas. Del universo apenas conocemos lo más próximo, las condiciones que se desarrollan en los planetas más cercanos a nosotros, mientras se discute la existencia de nuevos planetas, o se pone en duda que mercurio, el más lejano al sol, incluso lo sea.

La fórmula que el hombre ha podido emplear para el estudio de las condiciones climáticas de los planetas ha sido la sonda espacial, con las que se ha podido estimar mediciones sobre las atmósferas y los climas que “disfrutan”.

Diferencias notables
Las masas de los planetas del sistema solar varían notablemente. Esto conduce a que sus atmósferas tengan una composición química muy diferente. Por ejemplo, los cuatro planetas que mayores masas poseen, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, presenten propiedades físicas que nada tienen que ver con las de la Tierra, simplemente por esta razón. Así, al aumentar la masa, aumenta la presión. Solo Júpiter, tiene una presión que se eleva a millones de kilogramos por centímetro cuadrado respecto de la Tierra, antes ni siquiera de alcanzar su superficie. No obstante, los científicos están en la creencia de que en determinados niveles de grandes planetas como Saturno o Júpiter, puedan darse ciertas condiciones climáticas que, en algún momento, hayan dado la formación de formas de vida. A esta conclusión se llega al tener en cuenta lo siguiente: si las temperaturas que se contabilizan en la superficie de estos planetas son tan considerablemente bajas que no permiten las reacciones químicas necesarias como para que se genere vida, es muy posible que al unísono, a niveles profundos, se alcancen temperaturas, composiciones y presiones compatibles con algunas forma de vida.

De otro lado, los planetas que se encuentran más próximos al Sol, presentan una situación mucho más precisa. En mercurio, el más cercano, ni siquiera existe atmósfera y, por ende, carece también de agua. La proximidad al Astro Sol, proporciona que su temperatura media en superficie alcance los cuatrocientos grados centígrados, por lo que es imposible que exista vida, al menos de la forma en la que consideramos.

En cuanto a Venus y Marte, el verdadero objeto de estudio interestelar, existen muchos más datos sobre sus condiciones y límites climáticos, ya que son los únicos planetas en los que el hombre ha sido capaz de hacer que las sondas tocaran tierra.

Venus
Las dimensiones de este planeta tienen muchas similitudes con la Tierra. Su diámetro y su masa difieren, en valores relativos, muy poco: en cuanto a masa se calcula que varía en un 5% y en diámetro apenas un 17%. Además su distancia al sol respecto de la Tierra apenas está alterada en un 30%. Pero la atmósfera de Venus, compuesta en su mayor parte de gas carbónico, tiene unas cien veces más masa que la de la Tierra y la temperatura de la superficie ronda los cuatrocientos cincuenta grados centígrados. En Venus se ha producido un fenómeno similar al que conocemos como “efecto invernadero” como consecuencia de esta espesa capa de gas carbónico que impide que las radiaciones solares, más próximas que las nuestras, no alcancen la superficie del planeta, aislándole térmicamente. A pesar de ello, hay constancia de la presencia de nubes sobre su superficie, que están compuestas de una solución de diversos ácidos, en su mayor parte: sulfúrico, fluorhídrico y clorhídrico. Estos datos hacen concluir que es muy difícil que exista alguna forma de vida.

Marte
Aparte de las recientes expediciones europeas y norteamericanas, sin tripulación, que se han puesto en marcha para conocer las condiciones del suelo marciano, ya en el año 1.971 se lanzó el primer satélite artificial, el Mariner-9, a los que siguieron las Viking 1 y 2 a mediados de dicha década. El descubrimiento más notable, que ya trajeron esos ingenios espaciales, indicaba la presencia de pequeñas proporciones de vapor de agua y gas carbónico. También, las fotografías que tomó el Mariner, pudieron estimar la presencia de movimiento en el suelo de Marte, debido muy probablemente al fluir de ríos de agua. Se intentó, sin éxito, montar un pequeño laboratorio que permitiera la toma de datos y su envío a la Tierra. Todas las especulaciones se van confirmando.

En estos momentos, fuentes oficiales de la N.A.S.A., han puesto en conocimiento que Marte y la Tierra tienen muchos puntos en común, tantos como para aseverar que lo que está viviendo el planeta rojo es un conjunto de fenómenos muy parecidos a los que vivió la Tierra en sus inicios, hace más de cuatro millones de años, cuando no contaba con ninguna forma de vida posible.

Todavía se está a la espera de confirmar que en un pasado existiera vida marciana, o que exista alguna remota posibilidad de su existencia actual. Se han confirmado las hostiles condiciones climáticas que allí se desarrollan: con vientos superiores a los cuatrocientos kilómetros por hora y con una atmósfera cuya composición química es muy diferente a la nuestra, pero con suelos pedregosos muy parecidos a los de los suelos terrestres.

Entre los últimos descubrimientos cabe destacar que el seguimiento de la Agencia Espacial Europea con la Mars Express ha detectado en la atmósfera del planeta rojo gas metano, lo que puede ser un indicio de vida, según aseguran los científicos.

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...por José Carlos Bermejo ...por José Carlos Bermejo


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