Hace aproximadamente 361 años un hombre vertió un poco de mercurio en un tubo de vidrio y colocó su pulgar sobre un extremo. Intentó entonces arrojar el mercurio fuera del tubo, pero no fue posible.
Se había formado un pequeño vacío entre su pulgar y el mercurio; de alguna forma, esto sostenía al pesado líquido en su sitio. Había descubierto el vacío. Este inventor tiene un nombre, Evangelista Torricelli, físico y matemático italiano nacido un 15 de octubre de 1608 en Faenza, actual Italia.
El físico y matemático italiano Evangelista Torricelli fue el mayor de los tres hijos de Gaspar Torricelli y Caterina Angetti, nacido en el seno de una familia humilde ya que su padre era trabajador textil. Los padres del pequeño se dieron cuenta que Evangelista tenía notables talentos y careciendo de los medios económicos apropiados para suministrarle una buena educación, lo enviaron con su tío Jacob Torricelli, un fraile camaldulense que le instruyó humanidades y lo inscribió en el colegio jesuita de la ciudad.
En 1627 tras la muerte de su padre, Torricelli que contaba con dieciocho años fue enviado a Roma para que estudiara Matemáticas y Filosofía con el monje benedictino Benedetto Castelli, uno de los primero discípulos del sabio italiano Galileo. Al ver el talento que desprendía su pupilo, lo llevó a la Universidad de Sapienza, también en Roma, a donde se tuvieron que mudar su madre, viuda, y hermanos menores. Evangelista Torricelli pronto se convirtió en un alumno aventajado y cuando contaba con 24 años, Castelli se puso en contacto con el gran maestro italiano Galileo para mostrarle el fantástico trabajo científico del joven y solicitarle que le acogiera como asistente, propuesta que Galileo no rechazó.
El científico italiano estaba fascinado por la Astronomía y era un firme partidario de las enseñanzas del sabio de Pisa, Galileo, y la lectura cuidadosa de la obra de éste “Discursos y Demostraciones Matemáticas Concernientes a las Dos Nuevas Ciencias” le inspiraron hacia algunos desarrollos de los principio mecánicos del movimiento parabólico de proyectiles. Finalmente y después de la muerte de su madre se trasladó a Florencia donde el ya anciano Galileo viviría sus últimos tres meses en compañía de Evangelista Torricelli ejerciendo la función de escribano y ayudante del sabio italiano. Respecto a Galileo reseñar que se quedó ciego pero logró terminar el libro que resume el trabajo de toda su vida “Discursos”, obra que fue completada por sus dos discípulos: Vincenzo Vivan y nuestro Evangelista Torricelli.
Cuando murió Galileo, los deseos de Torricelli le llevarían hacia Roma pero cedió a las distinciones que Fernando II de Toscana le ofrecía, así que fue nombrado filósofo y matemático del gran duque y profesor de matemáticas en la Academia Florentina, se instaló definitivamente en Florencia y residió en el Palacio Ducal.
Evangelista Torricelli, a los 35 años de edad, fue la primera persona en obtener el vacío, demostrar la existencia de la presión atmosférica y descubrir el principio del barómetro, por el que pasó a la posteridad. Con su experimento sobre la presión atmosférica (principio que años más tarde confirmó Pascal), el barómetro estaba a punto de nacer. De hecho, el propio ensayo lo era, pues un barómetro no es más que mercurio dentro de un tubo de cristal cerrado por arriba y sin guardar aire, que se dobla al final para no tener que llevar plato. Las explicaciones de Torricelli exponían que cuando hay mal tiempo baja la presión atmosférica, el aire pesa menos y por lo tanto su empuje es menor y la columna de mercurio desciende. Si la columna de mercurio subía significaba que estaríamos ante altas presiones, es decir, buen tiempo. Por lo tanto, el físico y matemático italiano enunció que la presión atmosférica, medida al nivel del mar, era igual a la ejercida por una columna de mercurio de unos 76 centímetros de altura y que esta presión sería cada vez menor al aumentar la altitud.
Años más tarde la unidad de presión torr se nombró en su memoria. Un torr equivale a 1 milímetro de mercurio y una atmósfera es igual a 760 torr. Enunció, además, el teorema de Torricelli, de importancia fundamental en hidráulica, según el cual (despreciando el efecto del rozamiento y la resistencia del aire), un fluido se vierte por un pequeño orificio con igual velocidad que si cayera desde la superficie del líquido hasta dicho orificio.
Entre los nuevos descubrimiento que realizó, se encuentra el principio que dice que si una serie de cuerpos están conectados de modo tal que, debido a su movimiento, su centro de gravedad no puede subir o baja, entonces, dichos cuerpos están en equilibrio. Descubrió también que la envolvente de todas las trayectorias parabólicas descritas por los proyectiles lanzados desde un punto con igual velocidad, pero en direcciones diferentes, es un paraboloide de revolución.
Y por si esto fuera poco siguió realizando significantes aportaciones como por ejemplo en el telescopio y el microscopio, siendo numerosas las lentes por él fabricadas y grabadas con su nombre, que aún se conservan el la tierra que lo vio morir, Florencia, un 25 de octubre del año 1647.
Hoy día los progresos científicos están experimentando grandes evoluciones, por ejemplo la invención de los focos, los cinescopios de televisión, los circuitos integrados, el acero inoxidable, los frenos automotrices, los termos, las lámparas incandescentes, los plásticos, el pronóstico del tiempo y los vuelos humanos, entre otras aplicaciones…y ¿saben cuál es el origen de estos avances?… pues las aportaciones que nos han dejado grandes genios científicos como Torricelli y, en este caso, la investigación sobre el vacío y la presión del aire nos ha llevado a la invención de estos instrumentos. Por ello nunca hay que olvidarse del origen de las cosas ¿de dónde vendrán?.

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Pongo un poco más de información a la biografía de Evangelista Torricelli comentado que se le atribuye a Evangelista Torricelli la invención del barómetro. Asimismo, sus aportaciones a la geometría fueron determinantes en el desarrollo del cálculo integral. Su tratado sobre mecánica “De mutu” (”Acerca del movimiento”), logró impresionar a Galileo Galilei, en quien el propio Torricelli se había inspirado a la hora de redactar la obra.