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Heinrich Rudolf Hertz

Más científico que meteorólogo, célebre por descubrir la existencia de las ondas electromagnéticas, Heinrich Rudolf Hertz pasó a la historia por ser el precursor de lo que más tarde sería la radio, la televisión y el radar.

Sin embargo, todos sus descubrimientos tenían como referencia las inclemencias del tiempo gracias a sus estudios sobre los campos eléctricos y magnéticos, además de compartir laboratorio con el meteorólogo Vilhem Bjerknes, a finales del siglo XIX.

El Científico James C. Maxwell ya había observado en sus experimentos que en un futuro sería factible transmitir tanto datos como voz a través de ondas electromagnéticas, esto es, sirviéndose del mismo medioambiente, para que los seres humanos pudieran comunicarse sin necesidad de cables. Nacido en la ciudad alemana de Hamburgo, en 1854, Heinrich Rudolf Hertz destacó por su interés por la climatología típica de su país de origen, Alemania, donde las tormentas estaban al orden del día. Hertz se casó, formó una familia y obtuvo el título de Ingeniero en 1878, pero su creciente interés por el campo de la investigación propició que Hertz hiciera las maletas y se marchara a Berlín, donde se doctoró dos años más tarde en Física. Entre 1883 y 1889, compartió su tarea de profesor en universidades como la de Bonn y la de Kiel con los diferentes experimentos que día tras día le confirmaban lo que Maxwell había predicho años atrás: que sería posible transmitir voz e imágenes a través de ondas luminosas y electromagnéticas, lo que ya en el siglo XX se conocería como radio y televisión.

Hertz se fue decantando finalmente por las electromagnéticas, quizá pensando que transmitir imágenes, digamos, a través del aire, sonaba un tanto a ciencia ficción. En 1887, construyó aparato a modo de antena emisora al que llamó oscilador y su correspondiente receptor, un resonador, con elementos próximos a una antena receptora, con las cuáles consiguió transmitir ondas electromagnéticas entre ambos aparatos, pasando a la historia por sustituir el servicio de telegrafía tradicional por otro más rápido y menos costoso, esto es, sin necesidad de hilos. El físico alemán consiguió que la electricidad oscilara a su paso por un conducto, a modo de ondas: habían nacido las ondas hertzianas.

En 1888, durante una de sus clases de física que impartía en la Universidad Politécnica de Karlsruhe, en Berlín, Hertz dejó impresionado a sus alumnos cuando generó ondas eléctricas mediante descargas de diferente oscilación a través de curvas. El condensador que Hertz montó consistía en dos barras metálicas que transmitían de una a otra diversas chispas eléctricas producidas en intervalos. Hertz consiguió demostrar que las ondas de la radio viajaban a la misma velocidad que la luz. Tanto los campos magnético como los eléctricos se transmitían de manera separada. El maestro Maxwell estaba en lo cierto.

Hertz consiguió demostrar que las ondas electromagnéticas estaban en cualquier parte, en el campo, en la calle, en casa, pero principalmente, en el aire, por lo que las diferentes inclemencias climatológicas afectarían a las futuras comunicaciones del nuevo siglo. Ya se sabe, es aconsejable no sólo apagar el receptor de televisión sino desconectar la antena. Las célebres ondas hertzianas siempre se han visto afectadas por los vaivenes del clima. Una tormenta de grandes dimensiones puede dejar incomunicada desde una remota población situada en las montañas a toda una región, incluso a todo un país de pequeñas dimensiones como Puerto Rico.

Se cuenta que a finales de ese mismo año, una revista especializada en física publicó una extensa entrevista con Heinrich Hertz, quien detalló cómo desencadenaba las ondad electromagnéticas a través de sus barras de metal. Un adolescente que se encontraba de vacaciones en Los Alpes leyó detenidamente el artículo, llegando más tarde a una conclusión: ¿por qué no usar las ondas de las que el científico hablaba para enviar señales a larga distancia. El joven volvió a su Italia natal y se puso manos a la obra. Se llamaba Guglielmo Marconi.

En 1890, simpatizó con un joven entusiasta de la meteorología llamado Vilhem Bjerknes, a quién abrió las puertas de su laboratorio de Bonn, en donde realizaron diversos experimentos con los fenómenos de la resonancia, elemento clave para la confirmación de la radio a principios del siglo XX. Hertz, modesto y amable con todo el mundo, se encontraba a gusto trabajando con Bjerknes, pero éste volvió a Oslo dos años después para retomar los trabajos realizados por su padre, Carl Bjerknes, cuyos descubrimientos a penas tenían repercusión debido a su reclusión y nulo contacto con la comunidad científica internacional. En 1894 retornaría a Bonn para asistir al funeral de Hertz, quien falleció prematuramente ese mismo año.

Aunque Heinrich Rudolf Hertz ha pasado a la historia por descubrir las ondas luminosas y electromagnéticas, propiciando la invención de la radio, gran invento que comunicó a todos los seres de este planeta. Ya se sabe, historias de la radio. Historias de las ondas.

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