Si en la primera parte descubrimos la gran pasión de Inocencio Font por la meteorología, sus primeros años en el Observatorio de Izaña y los excelentes ensayos sobre las condiciones climáticas en las colonias africanas españolas, en esta segunda parte seguiremos su andadura, tanto en España como en América Latina.
En una reciente entrevista, charlando sobre la exitosa publicación en 1956 de su artículo “Las Olas del Frío en el Mes de Febrero de 1956″, a Inocencio Font Tullot le preguntaron cómo fueron aquellos años tan difíciles para los estudiosos del Clima en una España “carente de medios técnicos”. Font respondió que todos vivían bajo en constante acoso de los periodistas los cuáles , ávidos en su búsqueda de información, se concentraban en las oficinas meteorológicas de los principales aeropuertos, lugares donde se estudiaba las inclemencias del tiempo atmosférico. Font, que en aquella época, echaba en falta medios técnicos para que los meteorólogos desempeñaran su labor de manera eficaz, no confió demasiado de los mismos avances de fin del siglo XX que prometían fiabilidad en los pronósticos de 24 horas.
Entre 1957 y 1960, desempeñó su trabajo como Jefe de la Sección de la Meteorología Aeronáutica, comenzando la nueva década con un nuevo ensayo, “Meteorología Aplicada al Vuelo con Turborreactores”, editado en 1961. Hasta 1975, nuestro protagonista continuó trabajando sin parar, compaginando su pasión sobre la meteorología con sus continuos viajes a Latinoamérica.
Entre 1961 y 1965, dirigió un proyecto hidrometeorológico en Chile, dentro de un programa que estaba aplicando Naciones Unidas, desarrollando su trabajo como funcionario superior de la Organización Meteorológica Mundial. Y desde 1966 hasta 1974 desempeñó sus funciones como Jefe de la División de América Latina de la Organización Meteorológica Mundial, cuya sede se encuentra en Ginebra.
A su regreso a España, Inocencio Font retomó su actividad profesional como Inspector –y más tarde, Director- del Servicio Meteorológico Nacional, en Madrid. Por aquel entonces, Font ya era una figura respetada tanto en España como en el extranjero y era invitado a dar multitud de conferencias. En 1983, la edición de “Climatología de España y Portugal” volvía a situar a Font como gran experto en el tema, gran ensayo al que siguieron “Atlas Climático de España”, “Atlas de la Radiación Solar en España” y la que muchos consideran su obra más importante: “Historia del Clima en España”, publicada en 1988.
Ya metidos en el siglo XXI, Font sigue afirmado “que, a pesar de los adelantos, la calidad de las predicciones a penas ha sufrido cambio alguno”. Don Inocencio mantiene su amor por el Clima pero demanda que los espacios informativos dedicados al tiempo “deben ser más cortos aunque mucho más frecuentes”, demandando la inclusión de espacios didácticos alternativos a la información.

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