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Los peligros de la climatología

Siempre ha existido preocupación por la climatología, por los cambios que se producen y la forma en que éstos afectan al desarrollo de la vida.

Muy probablemente, los primeros que mostraron interés por las causas y los efectos de los fenómenos que producen el tiempo, fueron los chinos. Al menos, así quedó plasmado sobre el papel. El filósofo Lao-tze, escribía que si el viento sopla fuerte durante toda la mañana, habrá lluvia durante más de veinticuatro horas. Pero los chinos, dedicados casi en exclusiva al cultivo de arroz, necesitaban imperiosamente conocer cuándo se producían las grandes lluvias favorecedoras de buenas y abundantes cosechas.

Conocer qué y cómo influye cada vaivén del tiempo era de suma importancia para la navegación de fenicios y griegos. Estos últimos ya observaron que la lluvia y la nieve eran originadas por los vientos de Sur, pero también caían en el error de mezclar algo que se puede estudiar desde el punto de vista científico con lo supersticioso. Así, doscientos años antes de Jesucristo, construyeron la “Torre de los Vientos”, compuesta de ocho fachadas correspondientes a los ocho vientos entonces conocidos. En cada una de las fachadas aparece la figura de una de sus divinidades, a las que hacían responsables del tiempo atmosférico que les acompañaba. En cualquier caso, los peligros de la climatología fueron advertidos por los antiguos griegos quienes, en el momento de emprender nuevas conquistas, tenían muy en cuenta las observaciones que habían realizado: los vientos que proceden del mar, traen lluvias en Arabia y las costas del Golfo Pérsico y los vientos que llegan desde el interior son fríos y secos. En aquellos tiempos la influencia de la mano del hombre sobre la meteorología era imperceptible. En aquel entonces, los cambios climáticos se producían con la lentitud propia que el cosmos impone a su existencia, al menos la lentitud que para la vida del hombre significa el que se cuenten por miles de años las variaciones, a veces incluso mínimas, en el estado de cosas. Los verdaderos peligros del mundo en cuanto a su climatología provienen de la mano del hombre, de su intervención y crecimiento.

Calentamiento del globo terráqueo: Este efecto, que no es nuevo y que siempre ha existido, tiene que ver con las, ahora, elevadas emisiones de dióxido de carbono. Estas emisiones afectan a la Tierra y se explica con facilidad, si se piensa que las emisiones actúan de la misma manera que el cristal de un invernadero, es decir, permiten que los rayos solares pasen a través de él, pero atrapan parte del calor que de otra manera se reflejaría retornando al espacio. Este fenómeno, efectivamente, siempre ha existido, lo que ocurre es que en la actualidad, el número de emisiones se ha elevado de manera sustancial. La quema de combustibles fósiles (restos de plantas y animales que se extinguieron hace millones de años: petróleo, carbón y gas natural) es la principal causa del calentamiento de las temperaturas. Se cree que, de seguir con el mismo ritmo, en el año 2030 la temperatura media de la Tierra aumentará 1º C. para llegar al final del siglo con 4º C. sobre la media actual. Cada día, en algunas ciudades del mundo, al caer la noche, se comprueba que se rebasan los límites que en la emisión de gases viene recomendando la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.). Así, en Nueva Delhi, India, se pueden contabilizar casi 300 días al año sobrepasando los límites aconsejables. O, Beijing, China, con 272 días castigando la atmósfera sobre las recomendaciones oficiales.

Contaminación: Además de contribuir al calentamiento del mundo, la contaminación de las grandes urbes mundiales, ya comienza a mostrar sus consecuencias. En algunos países son elevados los enfermos por irritación de los ojos, tos y asma, dañando además a especies vegetales y edificaciones.

Especies en fase de extinción: El mar, el lugar donde se deposita toda lo que sobra en el mundo, llega a niveles de saturación que provocan cambios. La contaminación producida ha hecho proliferar algas tóxicas que desequilibran medios. Los residuos químicos de las industrias nutren a estas algas cuyo veneno se extiende más fácilmente.

Lluvia ácida: La lluvia ácida es consecuencia de la emisión de azufre y nitrógeno que pueden desprender las centrales eléctricas o los vehículos mientras transitan por el asfalto. Cuando la contaminación se mezcla con el vapor de agua que asciende, los rayos solares y el oxígeno en la atmósfera producen ácido sulfúrico. La cadena natural conduce a que, al tiempo, llueva una mezcla ácida que puede perturbar la vida de animales y plantas. En Suecia y en Noruega un gran número de lagos están sin apenas vida .

Deforestación: El hecho de que se talen árboles, sea la razón que sea (para obtener madera o para variar la morfología de las tierras para su cultivo), produce una alteración de los ciclos contribuyendo al calentamiento de la Tierra.

Capa de ozono: La emisión de productos químicos impropios de la atmósfera es la causa de esa enorme erosión en la capa de ozono, principal protectora de los rayos del sol para el hombre.

Aunque existe cierta controversia de posturas, algunos estudios relacionados con este tema, como el elaborado por la Comisión Intergubernamental Sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, concluyen que el cambio climático ya ha mostrado sus efectos, ahora se trata, no de prevenir el calentamiento climático, sino de que las especies comiencen a adaptarse a ese cambio.

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