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Rayos – Peligros y protección

Tras hablar sobre el origen de los rayos y la descarga en sí, finalizamos esta mini-serie sobre los rayos hablando sobre los efectos que tienen sobre el cuerpo humano y cómo protegerse de ellos. Aunque gran parte de lo que voy a contar es de sentido común, quiero aprovechar para deshacer un par de ideas falsas que mucha gente tiene sobre cómo protegerse de los rayos que se oyen bastante a menudo.

En primer lugar, aunque en este artículo voy a dar algunos consejos -como digo, muchos de sentido común- sobre cómo protegerse de los rayos, quiero empezar diciendo que no son tan peligrosos. Puesto que los datos que tengo más a mano son, irónicamente, de los Estados Unidos, voy a echar mano de ellos: el número de muertes anuales debidas a rayos en los EE.UU. es de unas 70. El número de muertes anuales debidas a accidentes de tráfico en los EE.UU. es de unas 42.000. Prácticamente toda la población estadounidense, a lo largo de un año, está expuesta a ambos peligros, de modo que, si eres un americano promedio (no creo que el orden de magnitud cambie en otros países industrializados), es seiscientas veces más probable que mueras en un accidente de tráfico que por un rayo. Sí, una aproximación burda, pero válida para hacerse una idea del peligro relativo de ambos durante la vida de una persona.

¿Estás insinuando, Pedro, que debería estar más asustado cuando viajo en coche que cuando hay tormenta?

Sí.

El miedo exagerado que tiene la gente a los rayos es irracional, tan irracional como el de volar en avión. Los rayos son algo tremendo, de una potencia gigantesca, y nos asustan como a niños, pero el peligro que corres en un coche es muchísimo más grande que cuando hay tormenta.

¿Quieres decir con eso que no deberíamos preocuparnos cuando hay tormenta?

No, en absoluto: los rayos son peligrosos. Lo que estoy diciendo es, por un lado, que la gente suele exagerar el miedo a los rayos y, por otro, que probablemente deberías tener bastante más miedo del que tienes cuando viajas en coche. En cualquier caso, después de este pequeño sermón, veamos las dos razones fundamentales por las que un rayo es peligroso.

La primera es sencilla: la temperatura. Los rayos, como las electrocuciones graves, producen quemaduras que pueden llegar a ser tremendas. Sin embargo, aunque esto los hace peligrosos, no los hace realmente letales: poca gente muere quemada por un rayo. Es posible recibir heridas graves de este modo, pero el peligro real de muerte debido a los rayos no es causado por las quemaduras que puedas recibir, sino por la segunda razón.

Esta segunda razón es la base de nuestra vulnerabilidad a la electrocución en general: una parte de nuestro cuerpo está específicamente “diseñada” para conducir la corriente eléctrica y, de hecho, funciona mediante el envío de pequeñas señales eléctricas. Estoy hablando, naturalmente, de nuestro sistema nervioso. Cuando un rayo cae sobre alguien, es posible que una porción considerable de la corriente recorra el sistema nervioso de la víctima, y produzca graves daños en él.

De hecho, muchos supervivientes de rayos sufren daños neurológicos severos, pues nuestros nervios y nuestro cerebro están preparados para conducir corrientes minúsculas, y la descarga de un rayo -ya hablamos de su intensidad y voltaje en el artículo anterior- es capaz de dañar el tejido nervioso gravemente. Algunas personas sufren problemas de sueño, otras tienen síntomas similares a los de un derrame cerebral, pues regiones enteras del cerebro dejan de funcionar; otras tienen náuseas o jaquecas crónicas, cambios de personalidad, etc.

Pero, una vez más, los daños al sistema nervioso de ese tipo, aunque producen graves perjuicios a la víctima, son raramente letales. El problema más grave, como en el caso de cualquier electrocución, está en un nervio en concreto: el nervio cardíaco. Cuando éste es recorrido por una corriente de esa magnitud, el corazón puede dejar de latir, y ésa es la principal razón de la mortalidad debida a los rayos. De hecho, es posible salvar a una persona que ha sufrido una descarga haciendo un masaje cardíaco, aunque es posible que su sistema nervioso haya sido afectado, como he dicho antes, de otros modos, y haya sufrido también quemaduras.

Por supuesto, el tipo y la magnitud del daño que puede causar el rayo dependen, principalmente, del camino que sigue: si pasa a través del pecho es muchísimo más peligroso que si lo hace únicamente por una pierna. Desgraciadamente, es muy difícil controlar por dónde va a pasar el rayo, de modo que, aunque daré algún consejo, la utilidad de ese tipo de medidas es muy limitada (como verás, sólo hay una medida realmente eficaz contra los rayos).

Por cierto, por si te lo estás preguntando, las probabilidades de morir si te cae un rayo encima no son demasiado grandes: aproximadamente una de cada diez personas que sufren la descarga de un rayo mueren como consecuencia de ello. Naturalmente, la mayor parte de los supervivientes tienen secuelas de algún tipo, aunque algunos salen del aprieto sorprendentemente ilesos.

Como he dicho antes, mi primer consejo relacionado con los rayos es no darles más importancia de la que tienen. Sí, son potencialmente letales, y si hay una tormenta es conveniente tomar una serie de medidas para minimizar la probabilidad de ser afectado por uno, pero esto es simplemente un comportamiento racional e inteligente, como llevar el cinturón de seguridad en el coche. Siempre me sorprende el pánico de algunas personas cuando hay tormenta, comparado con su tranquilidad cuando se montan en un coche.

En cualquier caso, varios consejos relacionados con la seguridad en caso de tormenta. Podríamos decir que es la Guía de supervivencia de El Tamiz en caso de tormenta. La regla más importante de todas es la “regla de oro”, que voy a repetir varias veces y será el último y más importante punto de nuestra guía: refúgiate en una jaula de Faraday. Ningún otro consejo que puedas oír es más importante, y cualquier cosa que te distraiga de ese objetivo es un mal consejo. Pero veamos antes algunos otros:

1. Si puedes oírla es suficiente.

En primer lugar, todos hemos oído lo de que es posible estimar la distancia a la que cae un rayo dividiendo el tiempo entre el relámpago y el trueno por tres: el resultado son los kilómetros hasta la descarga. Aunque esto es totalmente cierto, el hecho de que un rayo caiga a diez kilómetros de donde tú estás (y estamos hablando entonces de 30 segundos entre relámpago y trueno), te puede caer un rayo.

Como regla general, si puedes oír un trueno, te puede caer un rayo. En primer lugar, la región en la que pueden caer rayos es bastante grande, de modo que puede caer uno en un lugar y otro a 20 km. En segundo lugar, la zona cargada -y la “sombra” de carga positiva bajo ella- se mueven bastante rápido. A veces, más rápido de lo que tú puedes correr. Si oyes truenos, es suficiente.

Por cierto, esa regla se aplica a la lluvia: no hace falta que llueva. De hecho, como dije en el artículo anterior, ¡ni siquiera hace falta que esté nublado en algunas ocasiones! Si puedes oír un trueno, es suficiente y deberías tomar medidas de precaución, pero no caer en el pánico pues el peligro es muy relativo.

De modo que, si puedes oír truenos, ponte a cubierto si hay refugio cerca y, si no lo hay, al menos empieza a moverte hacia él.

2. Si estás al aire libre, te puede caer un rayo.

En segundo lugar, sí, todos hemos oído lo de que no es bueno ponerse debajo de un árbol si hay tormenta, porque los árboles reciben rayos de manera frecuente. Aunque esto es cierto, la segunda parte del razonamiento, que se oye a menudo, es absurda: es mejor ir a una zona abierta, sin árboles, dicen.

Pensemos, sin embargo, por qué los árboles reciben rayos frecuentemente. Como dijimos anteriormente en la serie, la carga suele acumularse en las puntas, y un árbol lo es: de hecho, es una zona más cercana a la base de la nube que el suelo, de modo que es más fácil para el líder llegar a conectar con una descarga desde el suelo si ésta sale de un árbol. De modo que, efectivamente, si te pones debajo de un árbol puede caer un rayo casi encima. ¿El error de la segunda parte del razonamiento?

Tú eres, para un rayo, un árbol pequeñito. Si te vas a una zona abierta sin árboles ni otros objetos elevados sobre el suelo, ¿adivinas quién es el principal candidato a recibir la descarga? De modo que no, ir a una zona abierta no te protege contra los rayos. De hecho, lo más prudente si no puedes estar a cubierto es estar dentro o cerca de zonas arboladas (no de árboles solitarios en una zona abierta) o de arbustos de altura uniforme, de modo que la probabilidad de que el rayo elija “tu árbol” sea muy pequeña. Y, naturalmente, trata de no hacerte un mejor objetivo de lo que eres: no lleves un paraguas con punta de metal y cosas así.

Pero la clave de este segundo punto de nuestra pequeña guía es sencilla: si estás al aire libre estás en peligro. No hay una forma realmente buena de protegerse, porque o estás cerca de un “buen objetivo” (malo), o no lo estás, en cuyo caso eres el “buen objetivo” (peor). De manera que intenta resguardarte lo antes posible – incluso si no hay refugio cerca, dirígete hacia uno.

De hecho, como he dicho antes, si algo te distrae de ese objetivo es un mal consejo: no te preocupes tanto por dónde estás como por a dónde vas. Lo importante es llegar lo antes posible a la jaula de Faraday más cercana.

3. No te preocupes por las posturas.

A veces se oyen consejos del tipo “échate en el suelo” o “ponte de cuclillas”, etc. Lo primero que no me gusta de estos consejos en general es que te fuerzan a no moverte hacia un refugio, lo cual es siempre una mala idea. Hombre, puedo imaginar algunas situaciones en las que refugiarse es imposible, pero normalmente habrá una casa, un coche, un remolque o algo a una distancia razonable. Sé que soy pesado, pero lo repito otra vez: la única medida realmente eficaz para protegerte contra la posible caída de un rayo es estar dentro de una jaula de Faraday.

No pierdas el tiempo con posturas varias; ponte a caminar ya mismo. Lo cierto es que ni siquiera tenemos estudios suficientemente rigurosos para saber qué posturas son más eficaces. Durante años se dijo que era conveniente echarse en el suelo; después, que eso es peligroso porque hace más probable que la corriente que recorre el suelo alrededor del rayo, debida al gradiente de potencial, te atraviese entero (incluyendo tu corazón)… pero resulta que en algunos estudios más recientes murió más gente de cuclillas que tumbada. La conclusión:

Ponte a caminar ya mismo y olvídate de posturitas.

4. La regla de oro: Ponte a cubierto en una jaula de Faraday.

Aunque ya hablaremos del fundamento físico en algún otro momento (la Wikipedia es tu amiga en este caso – Jaula de Faraday), ésta es la regla de oro: métete dentro de una jaula de Faraday, es decir, algo más o menos metálico que te rodee completamente.

Hay gente que piensa que el interior de un coche es seguro porque los neumáticos son de goma… nada de eso. Piensa que un rayo tiene que atravesar cientos de metros de aire (un conductor horroroso) para alcanzar el coche. ¿Tú te crees que unos centímetros de goma van a evitar que caiga en el coche? Los rayos se comen neumáticos para merendar.

No, la razón de que estar dentro de un coche sea seguro -y, si estás en el campo, es uno de los sitios más seguros en los que puedes estar, como un remolque- es que es una jaula de Faraday, es decir, un recipiente de metal (no es perfecto, pero sí suficientemente bueno, como verás) dentro del que estás tú. Si un rayo cae en el coche, las cargas van a moverse por el metal y van a llegar al suelo sin dañarte. Naturalmente, trata de no estar tocando la llave ni otros objetos metálicos por si las moscas, pero el peligro dentro del coche es muy pequeño. Tan pequeño que, por lo que sé, no hay ni una sola muerte documentada de una persona debido a un rayo estando dentro de un coche.

Por cierto, la cuestión es que, para ser una jaula de Faraday, el metal debe formar una envoltura a tu alrededor, si no no te protege: por ejemplo, un poste de metal no es un buen lugar. No lo son tampoco las escaleras metálicas ni las duchas de las piscinas. Tienes que estar rodeado por metal pero sin tocarlo, “dentro de la campana”, por así decirlo.

Lo mismo que en el coche sucede, por ejemplo, en una casa normal: los cables, las cañerías metálicas, etc., la convierten en una jaula de Faraday bastante eficaz. Una vez más, mejor no tocas los grifos mientras hay tormenta por si las moscas, pero el peligro es también bastante relativo. Por cierto, una cabaña de madera sin tuberías ni cables no es una jaula de Faraday, ni lo es una tienda de campaña. Si un rayo cae sobre ellas la carga va a entrar en el interior y puede atravesarte a ti, lo cual no es demasiado recomendable.

De modo que, aunque éste sea un artículo más extenso, la parte más importante de todas -y, en mi opinión, el mejor consejo que vas a oír sobre la seguridad y los rayos- es definitivamente: métete en una jaula de Faraday y no pienses en otra cosa hasta que lo consigas.

Como propina, un video – un rayo que cae en una jaula de Faraday (quiero decir, un coche) con gente dentro. Por si te lo estás preguntando, nadie resultó herido. De hecho, parte del vídeo es la entrevista con la familia que iba dentro del coche:

- [Fuente Original]










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